miércoles, 17 de diciembre de 2014

Sabina: dos noches y ninguna crisis.

Alberto Martín (EFE)

¿Por qué me haces esto Joaquín? Me gustaría que me dijeras, tras estas dos noches, cómo hago yo para estar otras 500 sin ir a verte a un concierto, sin sonreír como sonríen los niños al ver dibujada tu sonrisa cómplice en las pantallas que acompañan tu show. Quiero vivirlo, aunque solo sea una vez al mes, o cada dos meses, hacer el camino de mi casa a tu concierto, comprarme otro bombín y sentarme, paciente, como el que espera el mejor de los regalos en la noche de Reyes. Y es que yo no entiendo de gatillazos, querido Sabina, supongo que porque te entiendo y yo también sufro miedos, porque cada día me enfrento, igual que tú, igual que todos, a situaciones en las que, a pesar de morirnos de ganas, la acabamos cagando. Yo entiendo de amor incondicional, de que en mi vida Sabina está escrito con letras mayúsculas y tu foto me acompaña todos los días que duermo en mi casa, porque a las personas grandes hay que tenerlas bien cerquita. Cuando no duermo en casa también te llevo conmigo, porque me gustaría ser el protagonista de tus mejores canciones, preguntarme que será de mí con esta cómoda sin braguitas de Zara, decirle que no me importaría morirme si se mata pero que tampoco quiero que elija mi champú. Que, a pesar de todo, y sin embargo, la sigo queriendo. Porque quiero brindar por todas esas personas que tardas en olvidar 500 noches con sus desvelos, con su literatura y con su pasión. Porque el que no ha vivido quizás no pueda entender de que hablas, pero los que nos esforzamos cada día por vivir emocionados no tenemos más remedio que ondear cada uno de tus discos como banderas de nuestro barco pirata. “A mí me gusta comer de verdad, beber de verdad, besar de verdad, charlar con los amigos de verdad, enamorarme de verdad; y cuando pones tanto en todas esas cosas, lo más normal es que salgas lleno de cicatrices”, dijiste un día, y yo admiro cada día todas mis cicatrices.

Déjanos otra vez a medias, déjanos otra cicatriz, déjanos tus canciones, pero no nos dejes solos, porque todo esto sería mucho mas aburrido sin el compositor de la banda sonora de nuestras vidas. Gracias por estas dos noches en el Palacio de Deportes de Madrid, te puedo asegurar que ayer, justo después del concierto, seguí subido a esa nube en la que llevo 27 años gracias a artistas como tú.



Juan Naharro Gimenez (Redferns via Getty Images)

Sin más... me despido, besos, saludos, abrazos, desvaríos varios y... a sus pies.