lunes, 1 de septiembre de 2014

Películas: 'Boyhood' de Richard Linklater.




No creo que nadie pueda a empezar a hablar de ‘Boyhood’ (Richard Linklater, 2014), sin nombrar una de los aspecto más llamativos de la hazaña, el periodo de tiempo en el que fue grabada. Y es que Linklater, responsable de la ya mítica trilogía ‘Before…’ comenzó el rodaje de su última película hace 12 años, durante los cuales y en pequeñas sesiones de grabación, ha llevado al cine la historia de Mason, un niño que comienza la película con 6 años y le vemos ir creciendo al mismo ritmo que lo hacía Ellar Coltrane, el actor que lo interpreta. Acompañado de Patricia Arquette, Lorelai Linklater (hija del director) e Ethan Hawke, retratan el paso de los años, la vida en realidad, de una familia americana.

La premisa inicial es más que llamativa para dejarnos atrapar de nuevo por uno de los universos creados por Linklater, especialista en retratar el paso del tiempo, como ya demostró en las sencillas pero inolvidables ‘Antes del amanecer’, ‘Antes del atardecer’ y ‘Antes del anochecer’, donde reflejaba la historia de Celine y Jesse a lo largo de los años. En ‘Boyhood’ lo que ocurre es que se condensa todo en una sola cinta, los saltos temporales se suceden con una naturalidad y una facilidad que solo pueden ser llevadas a cabo por un maestro del tiempo, un director que escribe y hace que parezcan naturales esos saltos. Un corte de pelo, nuevo tinte o un poco de barba son las guías que nos deja para darnos cuenta de que de la escena anterior a la que estamos viendo han pasado algunos meses y que todo ha cambiado de nuevo. O no, porque eso es la vida, la película refleja eso: la inmovilidad que a veces tiene y lo que puede pasar en un solo segundo, desencadenado por cosas buenas o malas.





‘Boyhood’ es, a mi entender, un canto de amor a la niñez, lo cual no quiere decir que todo lo que acontece en esa época sea bueno, pero si definitorio, marcando las pautas de lo que seremos una vez esa etapa termine. La relación con tus padres, los cambios, las eternas dudas que surgen cuando aun no tienes nada claro de que va todo esto. Es imposible no sentirse identificado, sobre todo los que rondamos la edad del protagonista, cuando en las primeras escenas de la película le vemos viendo un capítulo de ‘Dragon Ball’, o cuando, ilusionado, va a comprar el primer día el nuevo libro de la saga de Harry Potter. Es ahí donde radica lo bello y lo real de la película, de todo el cine de Linklater en general, en esa capacidad de hacer de algo tan aparentemente pequeño, algo grande. Pero esa facilidad solo surge de una capacidad de observación tremenda y, sobre todo, de haber vivido y ser consciente de ello. Es cierto que las muertes, las bodas, los hijos, marcan de una forma espectacular, pero yo soy un partidario de las pequeñas cosas. Creo que marcan tanto, o más, las series que vemos, los paseos que hemos dado agarrados de la mano con esa chica que ya no sabes ni donde está, los viajes en tren, las primeras borracheras con los amigos, los mensajes de texto que no tenían respuesta, los primeros días de colegio, los días en que tus padres no te dejaban salir, los ‘buenos días’, las películas compartidas, el primer beso… y en eso, disculpen que les diga, este director es uno de los mejores.


‘Nada diferencia los recuerdos de los momentos corrientes. Solo más adelante se dan a conocer, en sus cicatrices’. Eso es el perfecto resumen de ‘Boyhood’, y creedme cuando os digo que con el tiempo, esta película será para vosotros una cicatriz más, de las que exhibes orgulloso, de las que no puedes dejar de sonreír al verla.

Sin más... me despido, besos, saludos, abrazos, desvaríos varios y... conversaciones.