lunes, 10 de febrero de 2014

Libros: 'Cuando yo tenía cinco años, me maté' de Howard Buten (Blackie Books 2013)


Me gusta definirme como un nostálgico. No es que piense eso de que cualquier tiempo pasado fue mejor, ni mucho menos, pero gracias a dios he tenido una infancia y una adolescencia maravillosas, llenas de buenos recuerdos y gente que me ha acompañado hasta el día de hoy, que me hacen recordar con especial cariño esas épocas llenas de menos preocupaciones.

Supongo que es por eso por lo que me encanta leer libros donde los protagonistas son gente joven. Existe una colección llamada ‘Nube de tinta’, de la editorial Penguin Random House, que está llena de historias de niños ‘especiales’. Hoy no voy a hablar de ninguno de esa colección, aunque son todos altamente recomendable, sino que voy a dar la importancia que se merece a ‘Cuando yo tenía cinco años, me maté’, de la también imprescindible editorial Blackie Books, los mismos que en su día editaron ‘Cosas que los nietos deberían saber’.

Cuando paseas por la FNAC en busca de nuevas lecturas, como suelo hacer yo, basándote en el título y la portada (me niego a leer de qué va un libro), es fácil que una obra con este título te llame la atención. La portada, de corte sombrío, adelanta lo que nos vamos a encontrar en el libro. Y es que la historia de nuestro querido Burt no es una historia alegre. No todos los niños nacen con la misma capacidad de afrontar las cosas que les pasan, ni de asimilar los sentimientos que van llegando con la edad.  Es desde esa inocencia desde la que se cuenta la historia de este niño de ocho años, atormentado por su forma de ver la vida, y contado en primer persona. Es increíble la forma en la que el autor se mete en la cabeza de alguien, la forma de describir sentimientos, el cómo puede dar algunas cosas por supuestas y otras les cuesta tanto entenderlas. Pero si algo hay de importante en el libro es que en el fondo compartimos ese sentimiento, esa etapa tan arriesgada que es ser niños. Todos hemos tenido miedo a esa profesora que un día gritó a un compañero, al igual que todos hemos sentido el primer amor sin saber muy bien lo que nos pasaba. Solo sabíamos que queríamos jugar siempre con esa niña, pasar los recreos a su lado, acordarnos de ella cuando llegábamos a casa con las rodillas arañadas y el jersey lleno de barro del partido de fútbol. Algo así le pasa a Burt. No te lo pierdas.

Sin más… me despido, besos, saludos, abrazos, desvaríos varios y… cajas de cartón.

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