jueves, 27 de febrero de 2014

Cine: '12 años de esclavitud' de Steve McQueen.



He de reconocer que en un primer momento me dio un poco de pereza. Otra película más sobre la esclavitud no entraba dentro de mis planes. Motivado por las nominaciones a los Óscar, que son el domingo que viene, y para los que estoy intentando ver todas las películas que esté en mi mano ver, leí cosas sobre la película. La decisoria fue que el director de la cinta era Steve McQueen –sí, se llama igual que el mítico actor- el que fuera director de una de las películas mejor hechas y más atractivas de los últimos tiempo, ‘Shame’. Él no podía hacer una película estándar, tenía que hacer algo original, en la historia tenía que haber algo de distinto… y así fue.

12 años de esclavitud’ está basada en la novela autobiográfica del protagonista, Solomon Northup, publicada en el año 1853, después de haber vivido una autentica pesadilla. Un hombre de raza negra ‘libre’ que, traicionado, termina siendo tratado como un esclavo. Y es que, recordemos, que en la época y el país donde se desarrolla la película, la América del siglo XIX, la gente de piel negra era denigrada hasta el extremo, siendo tratados como una especie no humana, como auténticos animales que pertenecían a sus ‘amos’, eran vendidos y comprados como tal, no tenían más libertad que la de realizar de sol a sol, el trabajo para el que habían sido recluidos.  Es lo que más cuesta entender de la película, cómo podía existir dicha situación hace menos de doscientos años, en el mismo país en el que a día de hoy gobierna un hombre negro.

Escenas duras de violencia, tanto mental como física, se suceden a lo largo de toda la película, provocando una impotencia extrema en el espectador. A ello ayudan las interpretaciones de un protagonista contenido pero efectivo, Chiwetel Ejiofor; una Lupita Nyong’o soberbia, representando en su propia piel lo que era el horror de aquella época; y un Michael Fassbender como siempre insuperable, esta vez poniendo rostro a la maldad, al poder, a la ignorancia… No me equivocaba, McQueen no podía haber hecho una película más sobre los esclavos. Nos ha regalado un clásico instantáneo, cine hecho con corazón y con talento, explícito sí, pero al igual que pasaba con ‘Shame’, nunca gratuito.

Con el corazón desencajado , recomiendo esta obra de arte llamada ’12 años de esclavitud’. Siempre es bueno revisitar el pasado para aprender de nuestros errores.


Sin más… me despido, besos, saludos, abrazos, desvaríos varios y… cerveza.

martes, 11 de febrero de 2014

Cine: 'Stockholm' de Rodrigo Sorogoyen.




Lo importante es tener cosas que contar. Los medios ayudan, claro, pero no son imprescindibles para emocionar. Al fin y al cabo, el objetivo de cualquier película debería ser el de contarnos algo, cambiarnos la vida, que durante noventa minutos nos sintamos parte de otra realidad.

Stockholm (Caballo Films, 2013), parte de esa base:  el ya archiconocido crowdfunding, con todo un equipo que no cobrará hasta que la película obtenga rendimiento económico. No creo que exista mejor definición para trabajar por ‘amor al arte’. Quizá eso es lo que falta muchas veces, amor por lo que hacemos.

La premisa es fácil: chico conoce a chica, chico se encapricha de chica, chica pasa de él olímpicamente y, en ese mismo instante, es donde empieza el juego. Porque al final, eso es lo que más nos gusta a muchos, el juego. Si todo fuese fácil, sobre ruedas, esta película nunca habría existido, como tampoco habrían existido las mejores historias de amor. Las carreras por Madrid, las amigas que quieren seguir de fiesta, la timidez, las llamadas inoportunas, los gintonics aguados, el amor de madrugada… ¿Amor? ¿He dicho amor? Eso lo descubriréis viendo la película. Solo os hago una pregunta… ¿Cuántas veces en ‘la mañana siguiente’ nada es como parecía?



El soberbio trabajo actoral de Javier Pereira –ganador del Goya a actor revelación por esta película- y de Aura Garrido –nominada a mejor actriz protagonista, también por Stockholm- mantiene siempre arriba a la película, perfectamente estructurada por el inteligente guión de Rodrigo Sorogoyen –también director de la cinta- e Isabel Peña, y con el inestimable trabajo de Alejandro de Pablo como director de foto, dejando que todo se vea por la noche y saturando por la mañana, utilizando los colores como un personaje más de la trama.


Una conversación, al fin y al cabo eso es lo que es ‘Stockholm’, con las calles de Madrid como atentas espectadoras. Un duelo dialéctico entre dos personas, un retrato de nuestras noches, de nuestros miedos, de una generación que no tiene miedo a conocerse.  Una chica, un chico, las ganas de conocerse, una historia que se escribe en los portales…




Sin más... me despido, besos, saludos, abrazos, desvaríos varios y... miradas.

lunes, 10 de febrero de 2014

Libros: 'Cuando yo tenía cinco años, me maté' de Howard Buten (Blackie Books 2013)


Me gusta definirme como un nostálgico. No es que piense eso de que cualquier tiempo pasado fue mejor, ni mucho menos, pero gracias a dios he tenido una infancia y una adolescencia maravillosas, llenas de buenos recuerdos y gente que me ha acompañado hasta el día de hoy, que me hacen recordar con especial cariño esas épocas llenas de menos preocupaciones.

Supongo que es por eso por lo que me encanta leer libros donde los protagonistas son gente joven. Existe una colección llamada ‘Nube de tinta’, de la editorial Penguin Random House, que está llena de historias de niños ‘especiales’. Hoy no voy a hablar de ninguno de esa colección, aunque son todos altamente recomendable, sino que voy a dar la importancia que se merece a ‘Cuando yo tenía cinco años, me maté’, de la también imprescindible editorial Blackie Books, los mismos que en su día editaron ‘Cosas que los nietos deberían saber’.

Cuando paseas por la FNAC en busca de nuevas lecturas, como suelo hacer yo, basándote en el título y la portada (me niego a leer de qué va un libro), es fácil que una obra con este título te llame la atención. La portada, de corte sombrío, adelanta lo que nos vamos a encontrar en el libro. Y es que la historia de nuestro querido Burt no es una historia alegre. No todos los niños nacen con la misma capacidad de afrontar las cosas que les pasan, ni de asimilar los sentimientos que van llegando con la edad.  Es desde esa inocencia desde la que se cuenta la historia de este niño de ocho años, atormentado por su forma de ver la vida, y contado en primer persona. Es increíble la forma en la que el autor se mete en la cabeza de alguien, la forma de describir sentimientos, el cómo puede dar algunas cosas por supuestas y otras les cuesta tanto entenderlas. Pero si algo hay de importante en el libro es que en el fondo compartimos ese sentimiento, esa etapa tan arriesgada que es ser niños. Todos hemos tenido miedo a esa profesora que un día gritó a un compañero, al igual que todos hemos sentido el primer amor sin saber muy bien lo que nos pasaba. Solo sabíamos que queríamos jugar siempre con esa niña, pasar los recreos a su lado, acordarnos de ella cuando llegábamos a casa con las rodillas arañadas y el jersey lleno de barro del partido de fútbol. Algo así le pasa a Burt. No te lo pierdas.

Sin más… me despido, besos, saludos, abrazos, desvaríos varios y… cajas de cartón.

miércoles, 5 de febrero de 2014

Cine: 'La Gran Familia Española' de Daniel Sánchez Arévalo.



Daniel Sánchez Arévalo. Seguramente muchos de los que empecéis a leer esta entrada no sabréis quien es. No os culpo, muchas veces los contadores de historias prefieren dejar a un lado su absoluta importancia y dársela únicamente a lo que nos quieren contar. Por casualidad, a lo largo de los últimos años he ido viendo películas que tenían buena pinta: AzulOscuroCasiNegro, Gordos y Primos. Cuando se estrenó esta última, uní todos los cabos sueltos y me di cuenta de que quien me había traído estas tres historias era la misma personas. Cuando se estrenó La Gran Familia Española, que hoy se edita en DVD y que cuenta con once nominaciones a los Goya, yo ya formaba parte de la religión de seguidores de Daniel Sánchez Arévalo de forma consciente.

La Gran Familia Española vuelve a ahondar en el imaginario del director, una colección de personajes llenos de taras sentimentales, de daños y pequeños triunfos, de la vida en sí misma. Si algo tienen sus películas es esa cercanía, la cotidianeidad. Cuando el listón con Primos parecía haber tocado techo llega esta familia que celebra una boda con el trasfondo de la final del mundial de Sudáfrica en formato pantalla gigante. Pero lo que importa es el fondo, no la forma. Daría igual que ese día no se hubiese jugado un partido, lo que importa es que ese día todos los sentimientos se encontraron en un mismo plano espacio-tiempo. La vuelta del hijo pródigo, el hermano intentando encontrar su sitio, los amores que se guardan en un cajón y los que son eternos, porque nacieron con esa vocación. También la lección de generosidad de la madre en la película ¡atentos a la sorpresa final! Y, ante todo, un elenco de actores que capitaneados por Sánchez Arévalo ponen cara a todo lo escrito. Creo que es mucho más difícil describir los sentimientos pequeños, los habituales, que caer en los grandes dramas de película de Hollywood, y eso es lo que hace grande, precisamente, a las películas de este director. Tú, igual que yo, hemos sentido esa cercanía al ver la película, el mismo arrepentimiento del personaje de Quim Gutiérrez –impresionante en el monólogo final-, la frustración del personaje de Antonio de la Torre, el amor infinito de Hector Colomé, el miedo de Miquel Fernández… Igual que también hemos sido jóvenes como lo son Patrick Criado, Sandra Martín y Arancha Martí en ese maravilloso triángulo amoroso que se forma en la boda. Inolvidable la mirada de niño de Roberto Álamo, su inocencia.




Volver a las películas de Sánchez Arévalo es volver a casa, al lugar donde estás calentito con tu manta y los truenos que asoman fuera y que ves por la ventana, se antojan lejanos. Este cine es el Colacao calentito que te daba tu madre cuando estabas triste, la chica rubia que te abrazaba las tardes de domingo, las juergas con los amigos que terminaban en desayuno, el día que viste la última nota de la carrera, tu primer trabajo, la razón por la que sigue mereciendo emocionarse en una sala de cine.


Sin más… me despido, besos, saludos, abrazos, desvaríos varios y… viernes.

martes, 4 de febrero de 2014

Discos: 'Pólvora' de Leiva.



No hace ni dos años del día en que aquí hablábamos de Diciembre, el primer disco de Leiva después de Pereza. Un tiempo en el que el flaco de la Alameda de Osuna ha tenido tiempo a hacer una gira por toda España en solitario, otra con Iván Ferreiro y otra más con Loquillo y Ariel Rot. Kilómetros que han servido para consagrar a uno de los más talentosos artistas en lengua castellana y que, sobre todo, han facilitado la llegada de las trece canciones que forman Pólvora, segundo disco de Leiva, que salió a la venta el pasado martes 28 de enero.

El otro día leía en una entrevista que Lino Portela le hacía a Leiva para Rolling Stone que aunque en un principio intentaba inventarse historias, tirar de ‘repertorio sentimental’ ajeno, siempre terminaba poniendo toda la carne en el asador y hablando de sus ‘mierdas’. Al final es lo que nuestra cabeza quiere, seguir la historia del tío que escribió hace años ‘Pienso en aquella tarde’, seguir dibujando esa historia de altibajos y emoción, dibujando un personaje que nosotros mismos, basándonos en las canciones, hemos ido creando a lo largo de los años. Y es que ya deberíais saber que, al final, lo que realmente importa es eso, las canciones.




Las canciones de Pólvora hablan de un adiós que se prolonga en el tiempo, de la eterna despedida de los amores imposibles, de las ganas de volver a empezar y de lo difícil que es dejar marchar. Precisamente, si me gusta tanto este disco es por eso, por la temática de las canciones. No hay nada que me guste más que un disco dedicado a una mujer, por el mero hecho de que es mucho más fácil sentirte identificado. También hay momentos para rendirse a la bella profesión de escribir canciones, ‘Los cantantes’, y para cantar a la traición de los más cercanos en la desgarradora ‘Vertigo’, donde se muestra más sincero que nunca.

Lo que más se agradece de Pólvora es esa sinceridad constante, el dibujo de una personalidad que podría ser, y de hecho es, la de cualquiera de nosotros. Porque todos nosotros también somos unos intensos, también tenemos momentos de incontrolable tristeza donde muchas veces no sabemos a donde ir ni para donde tirar. Nos acordamos muy a menudo de nuestra ‘colmillitos afilados’ y sentimos que quien nos tendría que llorar en nuestra ‘eterna despedida’ está más pendiente de otras cosas. Pólvora somos nosotros, todos los que escuchamos el disco, y por eso lo hemos encumbrado desde el minuto cero, porque cantamos escuchando a Leiva pero lo sentimos siendo nosotros. Nuestros miedos y nuestras esperanzas están reunidas en trece canciones que juntas forman el último disco de Leiva. Sus dos últimos años también son los nuestros, porque los hemos vivido escuchando sus canciones. A mí ya me están pasando cosas nuevas, espero que Leiva se ponga las pilas y dentro de poco esté escribiendo sobre ellas.


Sin más… me despido, besos, saludos, abrazos, desvaríos varios y… cuanto tiempo!