lunes, 30 de septiembre de 2013

Breaking Bad series finale.




Ya está, se ha terminado. No quedan más ‘Previously on AMC’s Breaking Bad’. No habrá mas cocina, ni más blanqueo de dinero, ni más ansia de poder, al menos en Breaking Bad.

A muchos nos cogía el ‘series finale’ con cara de recién levantados. Todos queríamos ser los primeros en saber qué iba a pasar, evitando cuidadosamente las redes sociales, no fuera a ser que a algún gracioso le diese por airear a los cuatro vientos el final de la serie. Queríamos vivirlo, queríamos saber qué iba a ser de Walt, de Jesse, de Skyler… Queríamos ver si de verdad ese hombre atacado por el cáncer pasaba a mejor vida o continuaba su estela de terror. Porque no nos engañemos, hemos empatizado, casi todos los que vemos esta serie, con un hombre que es un narcotraficante, un asesino, un hombre que en ningún momento ha dudado en poner en peligro a su familia para conseguir sus objetivos. Un hombre frustrado por anteriores decepciones laborales, que siempre ha puesto por bandera que todo estaba motivado por querer dejar un legado, el de proteger a los suyos. Pero no, en el final de la serie, se quita esa máscara, basta de mentiras, la redención de nuestro héroe en la cocina de su mujer, el ‘lo hice porque era bueno, me hacía sentir vivo’, no hace falta nada más y aun seguimos sintiendo cariño por él, es inevitable. Hemos sido participes de cada uno de sus delitos, nosotros también hemos matado a ese niño, hemos dejado morir a la mujer de nuestro socio, hemos dejado que unos narcotraficantes apunten a nuestro cuñado y le quiten la vida. Hemos usado esa escafandra y hemos chocado los cinco con Pinkman después de obtener un producto de más del 90 por ciento. Nosotros tampoco queríamos que Skyler se enterara, también envenenamos a Lydia y habríamos puesto nuestra vida en manos de Jesse. Breaking Bad ha sacado nuestro lado oscuro, sentados en el sofá de nuestras casas, de la misma manera que un profesor de Albuquerque se convierte en el mayor productor de metanfetamina del mundo. Nosotros también nos hemos muerto un poco cuando Walt se dejaba ir en el suelo.




Por eso todos hemos sentido el dolor que respira esta ultima traca de episodios, esa necesidad de cerrar capítulos, aunque en el caso de Walter fuera para siempre. Los flashforwards y el final del penúltimo capitulo nos hacían creer que lo peor estaba por llegar, pero Walt solo quería volver a la ciudad a morir y no dejar ningún cabo suelto. Ha sido una despedida, un punto final más meditado que impulsivo. Ese último episodio llamado Felina, Fe (hierro) + Li (Litio) + Na (Sodio), principales componentes de sangre, metanfetamina y lágrimas, respectivamente.

Solo me apetece aplaudir al genio de Vince Gilligan, creador de la serie, y a todos y cada uno de los escritores y actores de esta serie, porque han demostrado que se puede hacer un productor perfecto, que la calidad en TV sigue existiendo, que no hace falta recurrir a fuegos de artificio ni complicadas tramas y finales difíciles de explicar cuando se trata de una serie sobre la vida, solo tienes que dejar que ésta siga su curso. Porque sí, Breaking Bad es una serie sobre la vida, sobre la familia, el poder, la avaricia, la traición, los ideales, la justicia…

Si has leído esto y no has visto la serie, acabas de cometer el error de tu vida. Si la has visto, supongo que tienes la misma sonrisa en la cara que yo tengo al recordar todo este tiempo.




Walter White, descansa en paz.

Sin más... me despido, besos, saludos, abrazos, desvaríos varios y... Flynn.

No hay comentarios:

Publicar un comentario