lunes, 13 de mayo de 2013

Quique González @ La Riviera (Madrid) 11 mayo 2013.




En La Riviera se respiraba aire de final, aunque era una de esas finales que sabes que son fáciles de ganas porque el trabajo previo te da la seguridad de que ese último partido lo vas a ganar con la gorra. Algo así se sentía el pasado sábado 11 de mayo en Madrid, segunda noche consecutiva en que Quique González iba a presentar su disco ‘Delantera mítica’ con la emblemática sala madrileña hasta la bandera. Jugar en casa siempre te da cierta ventaja, y contar con una banda formada por Edu Olmedo –batería-, Boli Climent –bajo y contrabajo-, Pepo López –guitarras- y Edu Ortega –violín, guitarras, mandolina…- aporta aun más seguridad a la que ya de por sí da el presentar un disco tan imponente como el último trabajo del madrileño.

Pasadas las ocho y media el equipo saltó al terreno de juego corriendo y atacando desde el minuto cero: ‘La fábrica’, Parece mentira’, ‘¿Dónde está el dinero?’ y ‘Viejos capos’ dejaron claro que el primer cometido de la noche era dar a conocer en directo las nuevas canciones. El público también tenía claro que llevaban escuchándolas desde el 19 de febrero y que allí nadie iba a dejar ni una sola sílaba de las nuevas canciones por cantar. Las sonrisas estaban dibujadas en las caras de los músicos, se les ve unidos, se les ve felices de tener la oportunidad de estar defendiendo esas canciones juntos. Quique ha logrado una banda de amigos, donde no hay fisuras, donde cada vez que uno se cae sus compañeros están para ayudarle y hacer ver que son una piña. Pero pocas veces se caen, pues logran, a pesar de ser una sala con aforo para más de dos mil personas, transportarnos a un bar de puerto de mar. Somos nosotros, los espectadores, los que nos emocionamos cada vez que Edu Ortega agarra el violín o la mandolina, dando esa sonoridad especial tanto a los nuevos temas como a los clásicos, con las guitarras de Pepo o con esa apisonadora que tienen por sección rítmica. Todos arropan a Quique y a sus canciones, no le dejan sólo en ningún momento. ‘Restos de stock’, ‘Caminando en círculos’, ‘Cuando estés en vena’ y vuelta a ‘Delantera mítica’, todo vale cuando el público se sabe todas tus jugadas y ya las ha disfrutado en casa, sólo quieren volver a verlas, sólo quieren seguir cantando pase lo que pase. Por eso ‘Torres de Manhattan’, ‘ No encuentro a Samuel’, ‘Palomas en la quinta’, ‘Hasta que todo encaje’, ‘La ciudad del viento’ o ’39 grados’ suenan a hogar, a volver a donde ya hemos sido felices y recordarlo con la alegría del que recuerda buenos momentos con la sensación de estar aun mejor. Seguimos en ese bar de pueblo costero, tomándonos un gin-tonic después de un largo día de playa, poniéndonos cómodos en nuestra silla mientras vemos pasar nuestra vida en canciones. Acabamos de empezar el partido y ya nos vemos celebrando la copa.




Quique manda a sus chicos al vestuario, ha sido una gran primera parte, tienen que sentirse orgullosos, pero ahora es el mister el que quiere hablar a solas con su público. Con la única compañía de su guitarra acústica se queda a solas en el estadio, recordando que hubo un tiempo en el que no eran tantos los que estaban abajo escuchando sus canciones, donde su público era un bar en el que la barra y los taburetes molestaban al respetable. Así cantó ‘Pequeño rock and roll’ y ‘Aunque tú no lo sepas’, imprescindible en aquellos primeros años y que hacía tiempo que no se presentaba en directo. Conseguir que dos mil personas se callen y no se escuche ni una respiración es difícil, Quique solo tuvo que poner su media sonrisa y aferrarse a las canciones que nunca fallan.

Vuelve el equipo completo para encarar la segunda parte del partido, ‘Las chicas son magníficas’, que la noche anterior había cantado con Zahara, se queda esta noche reducida a la voz de Quique. No hace falta nada más, no hacen falta aditivos para que el tren camine. Sobre todo cuando continúas con ‘Kamikazes enamorados’, o con ese gol por la escuadra que es ‘Suave es la noche’ en clave de rock. ‘Miss camiseta mojada’ y ‘Hotel Los Ángeles’ nos llevaron al minuto noventa, había sido un buen encuentro, pero el público quería más, estaba en una nube, quería seguir disfrutando. 




La prórroga era necesaria, sobre todo porque aun no habíamos escuchado en directo ‘Tenía que decírtelo’, primer single de su último trabajo. Tampoco ‘Salitre’, esa canción que huele a mar, a sur y a bañadores mojados, la misma que dedicó a todos aquellos que habían venido desde fuera a escuchar sus canciones en directo. Cesar Pop, co-autor de casi la totalidad de las músicas de ‘Delantera mítica’, puso su granito de arena en ‘Dallas-Memphis’ con su acordeón,  él tampoco quería perderse una noche inolvidable, y juntos nos volvieron a llevar a los bares, a la sensación de que podríamos estar en el Blue Bird de Nashville escuchando esas canciones, aunque el aforo fuese más de estadio que de pequeño pub, con la que es ya una de las mejores canciones del repertorio de González.

El público pedía a gritos la tanda de penaltis, no se podía acabar, nadie quería salir a la calle, solo pensábamos como poder volver a repetir todo aquello desde el minuto cero. El primer disparo a puerta fue ‘Su día libre’, la redención tras la avería, el fallo y el perdón. Estábamos a punto de ser campeones, se presentía, por eso el segundo disparo, ese que casi sabe a victoria fue ‘Vidas cruzadas’, porque ya nadie podía bajar sus brazos de lo alto. Y, como en los grandes partidos, la seguridad del último disparo. A lo ‘Panenka’, con chulería, la seguridad de que va a entrar tires como lo tires, ‘Y los conserjes de noche’ metían el gol de la victoria, nos hacían sentir reyes una vez más, todo era posible en ese momento de ‘historias que se escriben en los portales’.




Quique levantaba los brazos, celebraba un éxito que era palpable en la sonrisa de todos los que llevaban dos horas escuchando sus canciones. ‘Buen partido, chicos, hemos hecho bien los deberes’, parecía que el míster decía a sus jugadores. Se acabó la melancolía, la timidez, Quique con la cabeza alta al igual que su banda, todos arriba celebrando que las victorias llegan, que el barro que aun está en las botas ya es un buen cimiento para las grandes ocasiones, sonriendo, que al fin y al cabo es de lo que debería tratarse siempre esto de la música.


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