martes, 14 de mayo de 2013

Carta de amor a Madrid.





Hace unos diez años me enamoré. Recuerdo perfectamente el año, el mes, los días en que me rompió el corazón. Me enamoré como te enamoras de niño de la chica guapa de la clase, como lo haces en los campamentos aun sabiendo que dentro de unos días vas a tener que volver a tu vida de siempre, me enamoré como un kamikaze que solo piensa en el ahora, el que prefiere enamorarse y sufrir que dejar pasar de largo la oportunidad de su vida. Me enamoré de Madrid.

Me enamoré de una ciudad que hacía un mes que había sufrido el 11M, de la estación de Atocha llena de recuerdos y de sueños que ya no se iban a cumplir. Me enamoré de sus musicales, de esas calles que parecían no tener fin y que eran más grandes que algunos barrios de mi ciudad




Madrid, la que sale en las canciones de Sabina, de Quique González, de Pereza, de 84,  de Los Lunes, de El Canto del Loco, de Burning; el Madrid de las películas de Jonás Trueba; el Madrid que sólo conocía porque allí vivían los personajes de ‘Compañeros’, ‘Al salir de clase’ y ‘Los Serrano’; el Madrid que tiene el cielo que describe Julio Llamazares. El Madrid del Atleti y su Vicente Calderón, el Madrid de las copas que pasan factura la mañana siguiente y de las que te tomas tranquilo, sentado, después de una buena cena.

El Madrid que me gusta pasear sin tener un rumbo fijo, en el que no importa perderse porque siempre habrá una boca de metro que te llevará a casa. El Madrid del que salen aviones, el Madrid por el que salgo a correr por el parque del Retiro o por la ribera del Manzanares. Madrid en verano, cuando no se puede salir a la calle porque te mueres de calor pero en el que puedes salir a cenar sin reservar mesa. El Madrid que ve nacer nuevos discos, el Madrid en el que te pido que me descubras nuevos sitios o en el que buscamos la parada de metro que salía en la primera película que vimos juntos.




El mismo Madrid que los domingos no huele a cerrado, el que tiene a gente haciendo música bajo tierra, el de las terrazas, en el que te cruzas a Joaquín Reyes por Gran Vía, el que conocías antes de vivirlo, el que te da la sensación de tener rincones por descubrir aunque hayas pasado un millón de veces por delante de la misma calle, el que te vende cafés de litro a precio de oro, el que tiene graffitis de Boa Mistura, el de las chicas en shorts, en el que todas las noches hay un concierto o una FNAC donde pasar las horas muertas anhelando todo aquello que un día quisieras tener en tu colección. El de la M30 llena de coches a las seis de la tarde, el del Mutua Madrid Open, el de las citas a ciegas, el de los reencuentros, el de las grandes ocasiones, el de la plaza de toros de Las Ventas, el del caserón…

Me enamoré de Madrid y aun sigo enamorado, me enamoré de Madrid por todo lo que he dicho y mucho más. Ahora solo tengo ganas de decírselo a la cara, de contarle que no sé si lo nuestro saldrá bien, que igual nos cansamos el uno del otro a los pocos días, pero que me muero de ganas de intentarlo. Dicen que si persigues los sueños se cumplen, y lo que yo estoy haciendo con Madrid ya está rozando el acoso.

Atentamente,  Javier González.




Sin más… me despido, besos, saludos, abrazos, desvaríos varios y… 1 2 3

4 comentarios:

  1. Madrid te necesita aquí, Javier. :)

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  2. Yo también soy una enamorada de Madrid y ocurrió no hace mucho,en Diciembre del año pasado. Desde entonces solo pienso en volver!!
    Preciosa Entrada!

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  3. Pero se puede saber... ¿Dónde ha estado todo este tiempo?
    ¡Que blog màs interesante tiene usted! ¡Le sigo desde ya!

    Otra enamorada de Madrid que también le escribe cartas de amor...
    http://noeamelepliage.blogspot.fr/2013/03/carta-mi-querido-madrid.html

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