jueves, 11 de abril de 2013

Me niego.




Hace un par de días leía un buen artículo en la página web de Cinemanía que llevaba por nombre ‘RIP DVD, ¿Hay fecha para el funeral?’ donde se hablaba a tumba abierta –nunca mejor dicho- sobre la paulatina desaparición de los formatos físicos en lo que a cine se refiere. En ese mismo artículo se incluía un enlace a una noticia sobre IKEA en la que se decía que entraba en los planes de la compañía el rediseño de la estantería Billy, en un principio diseñada como estantería para libros, pues este estaba desapareciendo en pos de la proliferación de libros en formato digital.

Una vez leídos ambos artículos lo primero que se me pasa por la cabeza es que si realmente estaré yo equivocado, si seré yo el raro por hacer las cosas como las llevo haciendo casi veintiséis años. Lo siento, quizás muchos no lo entendáis pero para mí los martes son muchas veces el mejor día de la semana. Antes lo eran los lunes. Son los días que salen discos a la venta, el día que conduzco hasta la FNAC que está a veinte minutos de mi casa y admiro como un padre recién nacido la portada del nuevo disco que me voy a comprar. El mismo día que me enfado si no ha llegado, el mismo día que, si el disco me apetece mucho, me despierto un rato antes de lo previsto porque los nervios me pueden. Es una ceremonia, supongo que reservada a día de hoy para unos pocos locos, en la que abro el disco y lo huelo, lo acaricio y maldigo que la edición que tenga en las manos no sea tan buena como esperaba, donde leo los agradecimientos y veo que banda ha grabado el disco, quien ha sido el encargado de la producción y qué estudios han visto vestirse a esas canciones. Lo de poner el disco en el coche justo después de arrancarlo, para que no se corte la primera canción, y después dar vueltas alrededor de mi ciudad para que me dé tiempo a escuchar el disco entero supongo que a muchos les sonará a película de ciencia ficción.


Lo mismo me pasa con las películas, cuando miro mi humilde colección que con el paso de los años va creciendo y tomando forma, alternando en el azar caprichoso del orden alfabético películas de Disney con clásicos de Scorsese, con películas moñas que en su día me apeteció tener entre mis manos, con las cajas ‘edición especial’ que conseguí de segunda mano en internet porque estaban descatalogadas. ¿Y los libros? ¿Qué me decís de los libros? No renunciaría ni loco al placer de pasar las páginas de una de las cuidadísimas ediciones de Blackie Books, o de mi querida editorial Nube de tinta, que tantas alegrías me ha dado en sus pocos meses de vida. Tampoco quiero renunciar a la franja amarilla que forman todos los libros de Nick Hornby en mi estantería, todos ellos publicados por Anagrama. Me niego.


No quiero que la herencia que deje a mis hijos –madre mía, hijos, si yo aun soy uno no sé qué hago pensando en este tema- sea una cuenta Premium de Spotiy, ni una colección de canciones en iTunes ni mucho menos un puñado de archivos PDF que alberguen mis libros favoritos. Me vuelvo a negar. Entiendo que para muchos descargar –aunque sea de forma legal, de la piratería ya no me atrevo ni hablar porque a estas alturas de la película puede que alguien hasta se llegue a sentir ofendido- cultura sea un momento placentero y entiendo que muchos, por comodidad, hayan elegido el libro electrónico en vez de la acumulación de hojas de papel llenas de polvo en sus estanterías, o que ya no se compren discos y solo usen el ‘streaming’ y la venta digital. Lo entiendo pero me niego, porque cuando miro mis estanterías, que ya no caben en mi habitación, cuando miro la pila de libros que se empiezan a acumular sin orden alguno por falta de espacio, cuando miro mi colección de discos, veo que todas forman lo que yo soy, lo que he sido y que van sentando las primeras piedras de lo que voy a ser en un futuro próximo. Me gusta que sea algo físico, de piel, y acordarme que ese libro me lo regalaste tú, cuando creíamos que íbamos a ser invencibles, que aquel disco lo encontré en Madrid, cuando teníamos menos preocupaciones en la cabeza y unas ilusiones distintas a las que tenemos ahora y que aquella película me la compré, aun siendo bastante mala, porque con solo mirar la carátula recordaba algunas de las mejores noches de mi vida. Mi felicidad, mi nostalgia, lo que soy, no se mide en ‘megabytes’, se mide en páginas de papel, kilos de discos y cajas de DVD’s desperdigados por el suelo.

miércoles, 10 de abril de 2013

Miss Caffeína - De polvo y flores




Me acuerdo perfectamente de la primera vez que escuché canciones de Miss Caffeína. Fue en un viaje a A Coruña y yo llevaba en mi iPod el que por aquel entonces –año 2008- era su último EP –y segundo de su corta carrera- ‘En Marte’. Nunca se me olvidará lo mucho que me gustó la primera canción, ‘Desde dentro’, de un grupo del que poco o nada había oído hablar. Llegaron dos EP’s más, ‘Carrusel’ y ‘Magnética’, y poco a poco me fue quedando claro que Miss Caffeína –que tomaron su nombre de una canción de la mítica banda madrileña Buenas Noches Rose- habían entendido a la perfección de que iba la jugada: en una industria en crisis, en vez de afanarse en vender su producto ellos decidieron regalarlo. Cada varios meses publicaban nuevas canciones que distribuían en su web, lo que les permitía poco a poco ser escuchados e ir abriéndose paso e ir llegando a nuevas ciudades donde para más o menos gente tocaban. Siempre preocupándose de tener una presencia en internet y redes sociales cuidada al detalle, cada vez eran más las personas que iban a verles cada vez que se acercaban a una nueva ciudad o cuando repetían en una donde ya se habían abierto camino. Así les llegó en el año 2010 la oportunidad de grabar su primer largo, a las órdenes de Ricky Falkner, que incluía un puñado de nuevas canciones y algunas de los mejores temas de su anterior EP. Distribuido por la disquera Sony, les permitió hacer una larga gira por España estando en muchos de los más importantes festivales y llegando incluso a cruzar el charco para dar sus primeros conciertos en Argentina.

Todo esto era suficiente carta de presentación para que cuando el pasado mes de marzo ‘De polvo y flores’, el flamante nuevo disco de la banda llegase a las estanterías de todas las tiendas de música –esta vez editado por Warner y bajo la producción de Max Dingel- ya fuéramos muchos los que no dudamos en hacernos con él. A mí me gusta pensar que ‘De polvo y flores’ es el primer disco de Miss Caffeína, pues creo que realmente es la primera colección de canciones que se han hecho y editado como tal desde un principio. El anterior disco tenía dos etapas, los temas extraídos del EP y los grabados expresamente para el larga duración, que a pesar de estar producido en su totalidad por Falkner, para los que ya habíamos escuchado en su momento las primeras canciones se nos hacía raro encontrárnoslas de nuevo. Aun así, 'Imposibilidad del fenómeno' fue un buen estreno, sobre todo para aquellos que nunca habían oído hablar de la banda.




Pero con ‘De polvo y flores’ he vuelto a sentir lo mismo que cuando escuchaba los EP’s por primera vez, esa sensación de haber hecho algo muy grande, de haber dado en el clavo repetidas veces al escoger repertorio, arreglos, y haber hecho un disco lleno de singles. Porque ‘Disfraces’ y ‘Hielo T’ fueron las primeras canciones que escuchamos de este disco, pero podrían haber sido ‘MM’, ‘Gigantes’, ‘Venimos’, ‘San Francisco’ o ‘Modo avión’ las elegidas, pues representan fielmente la vitalidad y la energía de este segundo disco de Miss Caffeína. Un disco pensado para el disfrute en directo, para bailar y para emocionarse, donde nos encontramos perlitas como ‘Luciérnaga’, increíble versión de un tema de la artista jienense Zahara, que se convierte desde la primera escucha en uno de los clásicos de la banda, pues se la roban a su autora y la hacen propia. Ninguna tiene desperdicio, ni cuando se bajan las revoluciones en ‘No mienten’ o ‘Superhéroe’ o con esos dos temas tan especiales que abren y cierran el disco, ‘Tormento’ y ‘19’, aportando un puntito de oscuridad cantando a lo perdido en diferentes aspectos de la vida.

Es difícil lograr una tanda de canciones que inspiren este buen rollo desde el principio, sobre todo en un presente musical donde cada vez son más frecuentes las decepciones y el amodorramiento al escuchar lo nuevo de quien antes había sido referencia para ti. Gran paso adelante que han dado Alberto, Sergio, Álvaro, Tonino y Román, que tras una gira por FNAC’s empiezan a presentar sus canciones en formato eléctrico por todas aquellas ciudades con ganas de escuchar y bailar y que puedes consultar en su web oficial misscaffeina.com.

Digo adiós con una de mis canciones favoritas, para todos aquellos que son alérgicos a los golpes del corazón, los que se ven obligados a poner el ‘modo avión’.


Sin más… me despido, besos, saludos, abrazos, desvaríos varios y… Milhouse.

martes, 9 de abril de 2013

El hombre de la ilusión permanente.




Es mejor no conocer a ciertos ídolos, quedarse en lo que su música te ha dado, sin indagar en otros aspectos de su vida. Creo que si tuviera a determinadas personas delante nunca me atrevería a dar el paso y pedirles una foto o un autógrafo, tendría miedo a que todo el respeto y admiración que le tengo se me vinieran abajo por un mal gesto.  Eso sí, no os estoy contando todo esto porque me haya pasado algo negativo, sino todo lo contrario. El contrapunto a esta historia es que en este mundo de información, donde los artistas son ‘personas cercanas’ a las que lees en Twitter, ves sus fotos en Facebook e Instagram, etc… te puedes encontrar con alguien a quien a priori nunca habías prestado atención y que gracias a esa presencia en las redes sociales muestras interés y te acercas a su música. Hoy me apetece hablar de Andrés Suárez.

Durante meses seguí a Andres Suarez sin escuchar ninguna de sus canciones. Me limitaba a leer su forma de entender la música y, sobre todo, su música. Solo leía palabras de ilusión, de ganas inmensas de comerse el mundo. Llegué a empatizar con él de tal manera que deseaba que todo le saliera bien, que fuera mucha gente a sus conciertos y que conocieran su música. Lo gracioso es que nunca había escuchado sus canciones, no sabía si lo que este escritor de naciones nacido en Galicia podría llegar a gustarme o no.  Fue en el momento que anunció que iba a grabar un disco en directo por todo lo grande cuando decidí que era el momento y fue cuando ‘Hay algo más’, primera canción de ‘Cuando vuelva la marea’, me partió en dos, me hizo añicos. Canta de una forma tan emotiva que me dejaba el corazón en un puño, solo había escuchado una canción y yo ya sabía que Andrés y yo íbamos a llevarnos bien. Después llegaron ‘Perdón por los bailes’ o ‘Tengo 26’ para terminar de rajarme el pecho. Andrés sabe cantar al dolor de una forma especial, pues no lo hace rogodeándose en la tristeza pero si de una forma dura, creo que a él, tanto como a mí y a otros tantos, nos gusta demasiado echar la vista atrás para encontrar a las musas. Más que tristeza yo diría melancolía, ‘la felicidad de estar triste’.

El futuro se promete esperanzador para él. Acaba de grabar un disco en directo que su publicará el próximo 16 de abril si los dioses de la música lo permiten, y ya ha comenzado una gira presentando las canciones de este ‘Moraima’ que dentro de poco verá la luz, lleno de canciones antiguas, conocidas y no tan conocidas, y con algún tema nuevo. Si os apetece sentir algo parecido a lo que he descrito antes adelante, podéis empezar por las cuatro canciones de su nuevo disco que ya se pueden escuchar en su canal de Youtube, y si de verdad queréis saber lo que es sentir ilusión por un trabajo, por una forma de vivir llamada música, date el lujo de de seguirle en @andressuareztwi o en su página de Facebook. Pronto por aquí más noticias sobre ‘Moraima’.




Sin más... me despido, besos, saludos, abrazos, desvaríos varios y... las preguntas.

sábado, 6 de abril de 2013

'El arte de escribir'





Babylon Chat, Loquillo, 'Equilibrio inestable'... ¿Adivinas el nexo de unión entre todos ellos? Es bien fácil, la respuesta es un asturiano nacido en el País Vasco que fue líder de los primeros, toca y compone con el segundo y que, hace un par de años, tuvo su primer retoño musical en solitario y lo bautizó como el tercero. Pocas veces se aúnan en una misma persona, y sin que ello resulte estridente ni pedante, los bajos fondos y la élite, la estética del rocknroll y el chaval de ciudad, la verdad y 'el arte de mentir'.

Porque es por eso por lo que hoy Igor aparece aquí por primera vez. No es por sus canciones, es por su recientemente publicado primer libro, 'El arte de mentir', editado por Difácil, donde habla sin orden ni cronología de todo lo que se le pasa por la cabeza. He leído varias críticas sobre el libro y por lo que se ve hay dos opciones: o resaltar todos los aspectos culturales de los que se habla en el libro -museos, arte, literatura...- o centrarse en los momentos en los que Igor habla a tumba abierta sobre sus experiencias sexuales. Yo, que no soy periodista ni lo pretendo prefiero definir a Igor como un valiente. No es fácil que un libro recoja tantos campos y opiniones de la vida de una persona y que aun así exista un orden y una coherencia que te permitan leer las poco más de doscientas hojas que tiene la obra de una sentada. Tampoco es tarea fácil hablar así de claro,. Sea cual sea el tema, Igor habla con propiedad y conocimiento, con la experiencia del que lleva muchos años haciendo lo que le da la gana, dejando a un lado -igual que en su música y en su vida- todo tipo de prejuicios y de preguntas similares al 'qué dirán'. A él solo le importa transmitir y, por supuesto, gustar. Porque el libro no deja de ser una oda a muchos aspectos importantes en su vida pero, sobre todo, es una oda a su propia figura, a su propio personaje. ¿Autobiografía? Para nada, 'El arte de mentir' es una amalgama de sentimientos, de opiniones sobre temas tan dispares como las groupies, David Beckham y su mujer Victoria, sobre Gijón -bendita esa sensación de sentirse en casa que comparto con él-, sobre política, sobre la carretera, el rocknroll, Loquillo o el sexo, todo ello escrito con un estilo crudo, sin grandes descripciones, que te hace sentirte cercano a la realidad del que lo escribe.




'La realidad del que lo escribe' es una licencia que yo me he permitido, porque el libro tiene la palabra 'mentir' en su título, y es cierto que cada vez que lees un capítulo te preguntas, mientras lo asimilas, si todo lo que se cuenta en él será verdad o mentira. Pero Igor ya sabía que nos lo íbamos a preguntar, por eso el último capítulo, perfecta conclusión de la obra, se pregunta por el valor de la verdad y la mentira en el arte. ¿Son menos ciertas las canciones si su autor nunca las ha vivido? ¿Y los cuadros? ¿Y la poesía? ¿Es menos verdadero el libro de Igor si todo lo que ha contado es mentira y nunca ha ocurrido? Esta respuesta tendrás que obtenerla tú, yo solo cometo la osadía de atreverme a recomendar que pases unas horas de tu vida en compañía de este libro.


Sin más... me despido, besos, saludos, abrazos, desvaríos varios y... lo digo.

miércoles, 3 de abril de 2013

'Fuimos una delantera mítica'.




Qué difícil es escribir sobre algo que esperaba con tantas ganas desde hace años. Supongo que es por eso por lo que aun no había dicho nada aquí sobre 'Delantera mítica', el nuevo disco de Quique González, a pesar de que ya lleve casi dos meses a la venta. No me quería dejar llevar por el calentón de las primeras escuchas, siempre más influenciadas por el amor a una carrera que por el verdadero regusto que te deja el disco. Si se pudiese, todas las opiniones (la palabra 'crítica' me parece bastante atrevida, yo no sé hacer de eso) deberían escribirse después de varias semanas de escucha, una vez que ya has conducido escuchado el disco, te has subido a un autobús con los auriculares llevándote a otros paisajes y cuando las frases de las canciones ya forman parte de tu imaginario habitual.

Los nervios cuando escuchas un disco que esperas con tantas ganas son muy grandes. ¿Qué pasa si no me gusta? Una vez más, por novena vez, puedo quedarme tranquilo. Es más, después de muchísimas escuchas puedo decir que 'Delantera mítica' tiene magia, que no es solo un buen disco sino que es uno de los mejores discos de Quique, donde repite fórmula de su anterior disco (seguro que a estas alturas ya todos sabéis que se ha grabado en Nashville, con Brad Jones, con casi la totalidad de los músicos de su primer disco...) pero superando con creces al, para mí, no tan duradero en el tiempo 'Daiquiri blues'.

El disco empieza con un tándem insuperable, 'Tenía que decírtelo, la increíble 'La fábrica' y 'Dallas – Memphis', un tema que merece un post entero hablando sobre ella. Este tema, con nombre de partido de la NBA me hace recordar por qué un día, hace ya casi siete años, me enamoré de la música del madrileño, creo que lo resume a la perfección, es esa mezcla de melancolía, de imaginario del rock, de recordar lo que ya no está... Ahí es donde Quique es insuperable, en esos momentos es cuando toca techo y por eso 'Dallas – Memphis' es ya un clásico. 'Tocaba en Autopista y la quería, no podía quejarme de nada...', por favor, creo que no hay forma más bonita de resumir el amor por la música y las mujeres, tenía mi pequeña banda con mis colegas y a mi chica, ¿cómo voy a quejarme de nada?




En '¿Dónde está el dinero?' clama al cielo y se pregunta hacia dónde va esta sociedad, llena de intereses económicos y donde las personas cada vez cuentan más como números que como seres vivos. 'Parece mentira' recuerda a la forma de escribir de 'Tenía que decírtelo', nueva colección de imágenes, emocionante ese 'gol de Iniesta' en mitad del tema. Zahara acompaña a Quique en dos temas, sin tomar nunca protagonismo pero siendo el perfecto y sutil acompañamiento en 'Las chicas son magníficas' y 'Me lo agradecerás', que te sumen en una atmósfera más oscura, más de tierra, está grabado en Nashville pero podría ser Santander el centro de toda esa actividad, huele a norte y a montaña, lo mejor de aquí y lo mejor de allí, esa es la clave para un trabajo bien hecho. 'Viejos capos' nos recuerda que a veces es mejor no conocer a nuestros ídolos porque van a ser igual de imperfectos, raros y, sobre todo, humanos que nosotros y podríamos llevarnos alguna sorpresa.

Los que hemos pasado horas viendo vídeos y documentales de Quique ya conocíamos 'No encuentro a Samuel', aunque nosotros la llamábamos 'Groupies eléctricas', pues ya salía en la película documental sobre la grabación de 'Avería y redención #7'. El aire folk de esta nueva versión la convierte en otro de los grandes temas del disco, volviendo por los derroteros de 'Doble fila', el dormir en los coches, las gafas de Mike, el sentido de la amistad, el 'quizás esto no es lo que soñabas pero no quiero mentirte'... Gran acierto recuperar ese homenaje a Samuel, que ya no está y que los que vimos el documental antes nombrado también conocemos. 'No hagas planes', donde Leiva es partícipe de la letra sirve de perfecto puente para 'Delantera mítica', resumen de lo que es este disco, un canto a la amistad, al honor, al valor de los sentimientos fuertes, a la siempre recurrente melancolía y, por supuesto, a las musas. Quique se guardaba un as en la manga como bonustrack, haciendo una versión de su admirado Dylan, titulada '¿Es tu amor en vano?'.

Al final no ha sido tan complicado escribir sobre este disco, pero creo que es porque Quique nos lo ha puesto muy fácil a todos los que esperamos sus canciones como agua de mayo. 'Delantera mítica' ya se ha convertido para muchos en su compañero de viaje, en una colección de historias que irremediablemente nos van a acompañar durante una gran parte del camino, quedándose muchas de ellas en nuestro particular álbum de fotos, haciéndonos sentir orgullosos de haber depositado nuestra ilusión en esta nueva aventura. Tú no lo sabes, González, pero nos quedan muchas horas de conducir juntos, y prometo cantarlas como si me fuera la vida en ello.


Sin más... me despido, besos, saludos, abrazos, desvaríos varios y... peso