Hace unos tres
años que escuché por primera vez las canciones de Supersubmarina. Estaban
empezando a aflorar en el ambiente indie, sonaban en Sol Música… Pero a mi no
me terminaban de convencer. Muchas veces me pasa, con este tipo de grupos que
parece que te tienen que gustar si o si, que no acabo de encontrarles esa magia
que algunos les encuentran. Cuestión de gustos, supongo.
Poco después salió
‘Electroviral’, debut oficial de la banda, donde ya con un sonido más pulido y
una producción más certera se hicieron un nombre y, sobre todo, dos años de
conciertos por todo lo largo y ancho de la geografía española. Me gusta ‘Electroviral’,
pero yo no entendía ese fervor desmesurado por las canciones de los jiennenses.
Para mí eran la mayor parte de las veces demasiado crípticas, no me terminaban
de enganchar. Aun así, me parece que ‘Electroviral’ es uno de los mejores
discos de 2010. Cuestión de gustos, supongo, una vez más.
El pasado martes
salía a la venta ‘Santacruz’, segundo largo de la banda, lo que todos los críticos
musicales llamarán ‘su prueba de fuego’, ‘la convalidación definitiva’, ‘el
afianzarse en el panorama musical’… Para mí no es nada de eso, ‘Santacruz’ era
mi confianza depositada en una banda que, con grandes canciones, aun tenía
mucho que decir y demostrar. Y vaya si lo ha hecho… Hacia meses que no me
enganchaba así a un nuevo disco –obviemos el tema de Leiva por ser una de mis
referencias desde hace mucho tiempo- y gracias a él, empiezo a entender ese
fervor popular y a considerarme parte de él. Lo nuevo de Supersubmarina suena
grande desde la primera escucha, aprovechando los puntos fuertes que de
atisbaban en ‘Electroviral’ pero explorando nuevos caminos, haciendo verdaderas
canciones de estadio que, de estar hechas por un artista extranjero, pasarían rápidamente
a ser clásicos y a vender cinco mil entradas por concierto.
El disco comienza
con una declaración de intenciones de por donde van a ir los tiros: ‘Canción de
guerra’ suena épica, con coros emocionantes que se repetirán a lo largo del
disco, no teniendo nada que envidiar a Coldplay o Muse a la hora de hacer rock épico.
Ese es el espíritu que se respira durante todo el disco, un disco que no da
tregua, que vuela certero en las once canciones que lo forman. Tony Doogan ha
producido este disco con acierto, orientando a la banda hacia este sonido –productor del último disco de Russian Red, ‘Fuerteventura’-
donde destacan por diferentes las más íntimas ‘Para dormir cuando no estés’ o
el clásico instantáneo ‘De las dudas infinitas’, donde realmente las letras de
Supersubmarina se muestran abiertas y accesibles, cantándole a la verdad más
universal que existe. ‘Tecnicolor’, otro giro de tuerca, esta vez hacia la música
más bailable, acompañado por un juguetón hammond u ‘Hogueras’ que también sigue
esa estela. El resto de canciones confían en estribillos de puño en alto, coros
para acompañar emocionado… No es difícil imaginar a estos veinteañeros
acompañados por grandes multitudes cantando emocionadas ‘Cometas’, ‘Hermética’
o ‘Santacruz’… Esto es solo el principio, este es el primer gran disco de
Supersubmarina. Y aunque me parezca lo mejor que se ha hecho en esta primera
mitad del año, sé que aun queda mucho por crecer. La suerte que tenemos es que
son jóvenes, tienen ganas y nadie los va a parar.
Si me tengo que
quedar con una, creo que esta sería ‘De las dudas infinitas’, simplemente por
el hecho de que ha sido la que primero ha conseguido emocionarme, en una primera
escucha, y eso es meritorio.
Sin más... me despido, besos, saludos, abrazos, desvaríos
varios y… coche

















