jueves, 20 de diciembre de 2012

Que nadie te toque la música, Alejandro.




A medida que vas creciendo es normal, sano y lógico que vayas escuchando nueva música. Cuando eres un niño estás influenciado por lo que escuchas en casa, lo que escuchan tus amigos y, al menos en mi caso, por lo que la televisión y la radio ofrecían cuando aun estos eran escaparates de novedades discográficas. Ya he dicho más de una vez que si a día de hoy escucho la música que escucho es porque he ido dando pequeños pasos hacia ella y, sin lugar a dudas, uno de los pasos más importantes tiene el nombre de Alejandro Sanz.

Sé que en el año 2012 no es nada ‘cool’ decir que te gusta la música de Alejandro Sanz, ni siquiera lo es decir que has tenido una época de tu vida en la que escuchabas esa música, pero creo que es sano desentenderse de esos prejuicios. Cierto es que a día de hoy no es uno de mis referentes musicales, pero cuando llevas más de quince años escuchando la música de una misma persona se te mete en la piel y pasa a formar parte de lo que eres. Precisamente esos prejuicios de los que tanto presumo carecer son los que me han llevado a no hablar hasta tres meses después de ‘La música no se toca’, último disco de estudio de Alejandro Sanz y primero en Universal tras veinte años de relación con Warner.




Alejandro siempre ha sido un cantante de lo que aquí acertamos a llamar ‘canción italiana’, una persona que se desenvolvía cómodamente en las baladas y al cual atribuimos el honor de tener el disco más vendido de la historia de la música española, ‘Más’, con más de dos millones de copias vendidas en nuestro país. Tras un par de discos con cierta inclinación latina que no fueron recibidos con agrado por su público –aunque a mí personalmente me encantan, sobre todo ‘No es lo mismo’. Es que yo dentro de lo comercial siempre he sido muy indie- volvió a esa ruta de las apasionadas composiciones de amor con su anterior disco, ‘Paraíso express’. Esta es la fórmula que se repite en ‘La música no se toca’, un disco con claros y nubes que deja un sabor extraño tras la primera escucha pero que, si le concedes las escuchas precisas, te deja ver unas cuantas canciones que pueden llenar tus tardes de invierno. Lo primero que habría que decir de este nuevo disco es que la elección de los dos primeros sencillos no ha sido la más adecuada: si vas a publicar un disco después de verano, intenta que el sencillo sea algo que pueda sonar durante el periodo estival. ‘No me compares’ no es de lo mejor del disco, como tampoco lo es ‘Se vende’. Para descubrir las joyas del disco hay que pararse a escuchar los detalles, las letras, y descubrirás ‘Como decir sin andar diciendo’ con esos maravillosos metales o ‘Camino a casa’, canción de redención de Alejandro donde alaba la llegada al hogar. También ‘La música no se toca’ es un bonito homenaje a la música, que abre el disco, y ‘Yo te traigo… 20 años’ homenajea a los seguidores que llevan ese periodo escuchando las canciones del madrileño, con mención incluida a ‘Tu letra podré acariciar’, y que también sirve de despedida a su anterior discográfica con la que había publicado todo el grueso de su carrera. En ‘Llamando a la mujer acción’ a Alejandro le gustaría ser Sabina pero le queda forzado y con una producción fuera de lugar del resto del disco. ‘Nena’ y el actual single ‘Mi marciana’ son canciones de amor al uso para cerrar un disco con la preciosa ‘Para decirle adiós’.

No es el mejor disco de Alejandro, lo sé yo, lo sabes tú y lo sabe él, pero eso no quiere ser que no pueda ser tu compañero de viaje y que puedas extraer de él alguna que otra canción que te lleve de la mano durante una temporada o, quien sabe si para siempre. Para todos aquellos extraños seres que aun compráis –compramos- discos originales, os recomiendo que leáis los agradecimientos del disco, la parte en la que Alejandro habla de su madre. Despierta la ternura y el amor que solo puede provocar una madre y él habla de la suya, que hace poco que se fue. De lo mejor del disco.


Sin más… me despido, besos, saludos, abrazos, desvaríos varios y… colgué el espejo del perdón y nadie se miró.

1 comentario:

  1. Me parece triste que en lo que a música se refiere haya cosas "cool" y no cool. No me gusta Alejandro Sanz, pero soy partidaria de que lo mágico de la música, como cualquier forma de arte, es que a cada persona le provoca una sensación. Si te hace sentir cosas bonitas, ¿por qué va a ser malo que te guste?. Es triste, muy triste, que suene mejor decir que te gustan los Artic Monkeys que Alejandro Sanz. Lo dicho.

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