martes, 19 de junio de 2012

Tin Man Fest @ Sala Cats (Madrid) 16/6/2012


Que no son tiempos fáciles en general y para la música en particular es algo que todos sabemos y que no es necesario que nos recuerden a cada momento, pero algo que también deberíamos saber y recordar a cada momento es que la unión hace la fuerza y el aunar proyectos a ideas es la mejor forma para capear el temporal.

Algo así debieron pensar los organizadores de la primera edición del Tin Man Fest, que se celebró en la madrileña sala Cats el pasado sábado 16 de junio. Los elegidos para esta primera edición son tres grupos que difícilmente encajarían en cualquier otro festival de los que se celebran a lo largo y ancho de nuestro país. Ellos forman parte de lo que acertaron a llamar ‘Limbo rock’, pues están en tierra de nadie en lo que a etiquetas se refiere. ¿Son pop?¿Son rock? Yo prefiero decir que simplemente hacen canciones, todos ellos a su manera y todos con gran talento. Sidecars, 84 y Almas Mudas fueron los tres grupos que llenaron de canciones la primera edición del Tin Man Fest. 


Almas Mudas fueron los encargados de la difícil tarea de abrir la noche y supieron calentar al público y hacerlos bailar a pesar de que no eran más que las ocho de la tarde de un sábado que acababa de comenzar. Los zaragozanos, de los que hace pocas semanas hablamos en este blog, vienen de hacer una gira junto a Leiva y de abrir el último show de Pereza en Madrid: ventajas de compartir oficina de management. Una banda con mucho que decir, con muchos años a sus espaldas peleándose un hueco y con un primer disco que sorprenderá a propios y extraños. No les dejéis pasar, se colarán hasta la cocina.


Con la sala totalmente metida en la fiesta llegaron 84. Ellos fueron la principal causa de que yo me planteara ir a este festival pues son uno de los grupos que desde la primera escucha sentí muy mio y que hace ya casi tres años que me acompaña con sus canciones. A Mon, Beris y Jaime les acompañaban, como en las grandes ocasiones, Mauro Mietta a los teclados y Chema Moreno al bajo, además de Alex Riquelme –ex batería de Preciados- que desde hace unas semanas es el batería de la formación en directo de la banda. Juntos suenan como un cañón y dejan claro que a día de hoy son unos de los mejores artistas jóvenes de nuestro país. Inyección de alegría y actitud, en directo suenan como un tiro y nada podrá pararlos. Era la primera vez que les veía 'en casa', en un concierto a lo grande y solo me sirvió para darme cuenta de que estamos ante algo muy potente y que a mí me toca de forma especial. 84 se despedían de los conciertos en Madrid por unos meses, para dedicarse a componer y también para dejar con ganas a la ciudad. Seguro que después del verano vendrán con ganas y nuevos proyectos.



Sidecars fueron los últimos en actuar ya que eran los ‘cabeza de cartel’ de la noche. Para ellos era una fecha especial pues con este concierto ponían punto y final a la gira ‘Cremalleras’ que a punto estaba de cumplir los dos años, para encerrarse a grabar el que será el tercer álbum de la banda. Hacía ya tiempo que no tocaban juntos, recordemos que Juancho está de gira con Leiva como guitarrista. El directo de los madrileños nunca defrauda y siempre te hace venirte arriba con sus canciones hablando de chicas, rocanrol y bares. Ellos pusieron el puntito canalla a la noche en Cats.

En definitiva, una noche para disfrutar de tres grupos que se están dejando la piel en sus canciones y que terminaron todos juntos cantando el ‘Mueve tus caderas’ de Burning encima del escenario. Quizá eso lo resuma todo, unos cuantos chavales de menos de treinta años cantando una de los Burning. No creo que haya nada más bonito. Y si lo hay no me interesa.

Enhorabuena a los organizadores del Tin Man, que sean muchas más noches soñando como la vivida el sábado. Gracias.


Sin más… me despido, besos, saludos, abrazos, desvaríos varios y… tú


lunes, 18 de junio de 2012

Paul McCartney en Gijón: 25 de mayo de 2004


Queda muy cool, sobre todo cuando es verdad, decir que en tu casa tus padres escuchaban a determinados grupos cuando eras niño. En mi casa toda la vida se ha escuchado música que, contándolo a día de hoy, no queda tan bien como aquellos que mamaron a los Beatles, los Stones o Joaquín Sabina desde bien niños. Yo escuché a Julio Iglesias, a Raphael, a Rocío Jurado y a miles de cantantes italianos desde bien pequeño y, aunque a día de hoy ninguno me diga nada, agradezco el haber crecido con música tanto en coche como en los viajes a Galicia todos los veranos. Aun así, mi padre siempre ha sabido apreciar la buena música y, aunque no tuviéramos sus discos en casa, cuando el ayuntamiento de Gijón sacó a la venta las entradas para el concierto de Paul McCartney el 25 de mayo del año 2004 mi padre nos compró a mi madre, a él y a mí entradas para ir a verle. 45 euros cada entrada, más de 20.000 de las antiguas pesetas, se pagaron aquel primer día por el miedo a quedarnos sin ellas, y eso que estamos hablando de hace más de ocho años, por lo que era un concierto extremadamente caro.

Puede que fuera por eso, por el hecho de que fueran tan caras, o por que sé yo, pero cuando la fecha del concierto se aproximaba el ayuntamiento y una compañía telefónica empezaron a repartir entradas de forma gratuita. Las entradas no se habían vendido de la forma que todos esperaban y el Estadio de El Molinón iba a quedar muy vacío y había que ‘rellenarlo’. Allí me fui yo, con mi entradita pagada, a hacer cola yo solo durante varias horas. 16 añitos –fiera- y lo único que quería era ponerme bien cerquita del escenario para ver todo aquello lo mejor posible. Sin duda fue uno de los mejores conciertos de mi vida, con un gran peso del repertorio de Beatles en el setlist del concierto, con la gente –al menos la de las primeras filas- totalmente entregadas a las canciones de ese hombre que si seguía girando era porque le apetecía seguir haciendo música, no por otra cosa, pues dinero como bien podéis suponer no creo que le falte. Salté, me divertí, y cuando miraba hacia atrás veía treinta y cinco mil almas detrás de mí escuchando la música de Sir Paul McCartney. Si aquellas tres horas de concierto no fueron magia que alguien me explique qué es la magia.


Fue gracias a ese concierto que comencé a escuchar a The Beatles, no tuve que esperar a que Leiva dijera que molaban ni, como ya dije antes, tampoco tuve la suerte de que alguien me los pusiera en casa. Aun a día de hoy pienso en lo afortunado que fui -¡He visto a un Beatle en directo!- pudiendo ir a aquel concierto y lo guardo como una de mis joyitas, uno de esos días que no se borrarán de mi cabeza nunca. Hoy McCartney cumple 70 años y a mí no se me ocurrió mejor homenaje que hablar de aquella noche de hace más de ocho años. Seguro que los que estuvieron allí dando calor a aquella noche del mayo gijonés la recuerdan con el mismo cariño que yo.


Sin más… me despido, besos, saludos, abrazos, desvaríos varios y… topicazo

lunes, 11 de junio de 2012

Los discos de mi vida: 'Emepetreses' de Pablo Moro



Me gustaba Melendi. No creo que se algo de lo que haya que sentirse avergonzado, de hecho de lo único que hay que sentirse avergonzado en lo relativo a música es de que aquellos que niegan de donde vienen. Y yo, entre otras muchas cosas, vengo de muchos años de escuchar la música del asturiano. Pero de eso hablaremos otro día. Si de algo me ha servido escuchar a Melendi es para conocer a Pablo Moro, igual que a muchos otros, por haber compartido estos discografica durante sus primeros años de carrera –ya ninguno de los dos está en Carlito, de hecho no sé ni siquiera si existe- y porque Melendi colaboraba en el primer disco de Pablo, ‘Emepetreses’, que es el primer ‘disco de mi vida’ del que voy a hablar aquí.

En el año 2005 yo acababa de terminar el bachillerato y me había embarcado en una carrera que ni me gustaba ni me apetecía hacer, por eso terminé dejándola. Justo cuando empecé esa carrera me acompaña ese disco de Pablo, el primero, que aparece aquí no por ser el mejor –ese es Smoking Point- sino por ser el que dio el pistoletazo de salida a todo. Fue uno de esos discos que compras a ciegas, simplemente porque la intuición te dice que ahí puede haber algo grande, y así fue. Su forma de contar las cosas, esa sencillez y a la vez esa brillantez a la hora de describir, en un disco que aunque esté fatalmente producido tiene la magia y la inocencia del primer disco, lo difícil habría sido empezar escribiendo un ‘Física y química’. Ese disco me llevó a todos los puntos de la geografía asturiana donde tuvieron a bien dejar que Pablo tocase sus canciones: con banda, en trío acústico, dúo acústico o él solo con la guitarra, todas eran buenas excusas para hacer unos kilómetros –por aquel entonces siempre dependiendo de alguien que me llevara- y disfrutar de esos momento de desconexión en una época de mi vida que más que por buena la recuerdo por intensa.


Pero lo que más contento me pone, casi siete años después de la publicación de ‘Emepetreses’ y con el cuarto disco ya cociéndose, es todo lo que ha venido después: dos discos como dos soles –el ya citado Smoking Point y Pequeños Placeres Domésticos- con sus correspondientes giras, dos años trabajando en su oficina de Management –que llegarán a su fin dentro de pocos días- y, sobre todo, la amistad que he labrado con Pablo. Nunca se me olvidará la primera vez que le vi en directo, taloneando a Melendi en un abarrotado San Lázaro en Oviedo, o la primera firma de discos en Las Salesas de Oviedo. Tampoco los conciertos en los que he formado parte del engranaje de los mismos, ni la ilusión que me hizo la vez que llenó el teatro Filarmónica de Oviedo. Ojalá Pablo tenga suerte, y las musas sigan de su lado para regalar buenas canciones que la gente haga suyas y le lleven a donde se merece estar. Trabajo, trabajo y trabajo. Yo vuelvo a verlo desde la barrera, que a veces se ve todo mejor.

Si pienso en las diez canciones de ‘Emepetreses’ no tardo en acordarme de la que aun a día de hoy sigue siendo uno de mis temas favoritos del repertorio de Pablo. Si alguien me pregunta por ‘Emepetreses’, yo le digo ‘Bagatelas’.


Sin más... me despido, besos, saludos, abrazos, desvaríos varios y… una balada dedicada