domingo, 28 de agosto de 2011

Breaking Bad, la serie de mi verano

En esta vida, suelo ser bastante extremo en casi todo. Al menos en lo relativo al tema que hoy nos ocupa, no es del todo malo. Me encanta ver series de televisión, siempre digo que suelo preferir una buena serie a una buena película por el hecho de que esta distribuido en pequeñas ‘pildoritas’ de mas fácil consumo. Soy hiperactivo y me cuesta estar parado tres horas viendo una película, pero con una serie no tengo ese problema. Siento que tengo las cosas bajo control cuando cada cuarenta y pocos minutos me puedo levantar e irme a hacer otra cosa sin perder el ritmo de lo que estoy viendo. Por eso, cuando me engancho a una serie y ya dispongo del numero suficiente de capítulos unido a mucho tiempo para verlos las consecuencias son brutales (y geniales, que cojones)




Este verano, igual que otras veces lo hice con ‘Los Soprano’ o ‘Perdidos’, me he metido en la droga mas absoluta (nunca mejor dicho) con Breaking Bad, la gran serie de la AMC protagonizada por Bryan Cranston. La serie en cuestión tiene un argumento que aquí en España nunca podríamos ni imaginar ni mucho menos producir: profesor de enseñanza secundaria de Nuevo México sufre un cáncer. Los aprietos económicos que su curación conllevan y el deseo de dejar un buen legado a su familia le llevan a aliarse con un ex alumno para dedicarse a la cocción de metanfetamina. Increíble, ¿a que sí?

A día de hoy en España disponemos de tres temporadas –treinta y tres capítulos en total- traducidas al tiempo que se esta emitiendo la cuarta temporada en América –y que gracias a las nuevas tecnologías tenemos pronto en nuestros ordenadores- que yo me he metido entre pecho y espalda en cinco días de la pasada semana. Para mi esta serie no esta divida en temporadas, es simplemente una sucesión de cinco días de mi verano de 2011.



La serie es dura, pero es buenísima. Soy un gran consumidor de series y, como dirían en la serie, ‘hace mucho tiempo que no encontraba una mierda tan buena’. El liderazgo en la serie de Bryan Cranston –Walter White, alias ‘Heisenberg’- y su compañero Aaron Paul –Jesse Pinckman en la serie- se ve apoyado por unos secundarios de lujo que nos llevan por los entresijos del narcotráfico en el sur de los Estados Unidos a la vez que nos muestran a una familia sumida en la desesperación de esa palabra que nunca debería haber sido inventada que es el cáncer. Como siempre, es mejor ver la serie en versión original, con subtítulos si no controláis el idioma. Las actuaciones de los personajes crecen y los matices de algunas voces mejoran las actuaciones. Yo por vagancia solo estoy viendo la última temporada en VO y por pura exigencia del guion, ya que aun no la han traducido.

Tenemos confirmada una temporada más, la quinta, que constara de dieciséis capítulos y se emitirá el próximo año y que pondrá fin a las aventuras de nuestro querido Heisenberg. Hasta en entonces solo nos queda disfrutar y sentir adoración por una serie de televisión tan bien hecha y que nos devuelve la fe en que las cosas aun pueden ser originales y no caer en el aburrimiento de la copia.

Sin más… me despido, besos, saludos, abrazos, desvaríos varios y… tarjetas

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